10 de diciembre de 2010

Se apagó…


Poca luz le queda ya a esta maldita vela que me sujeta a la vida, a la esperanza, se está agotando mi tiempo, mi futuro, mi presencia, porque el último aliento de la cera ardiente está por llegar…
No veo apenas nada de las cuatro paredes que me matan, pero los restos de la infinidad de arañazos que di mientras todavía tenía fuerzas me recuerdan que la lucha fue inútil…
Mis dedos todavía están estremecidos, heridos de tanto golpear, de tan vana pelea que al final, se termina sin luchar…
He gritado silencios que ni yo podía escuchar, tan solo y aterrado estaba, tan desesperanzado con su finalidad, absurdos fueron los momentos, en que me resistía a decir adiós…
Mil veces desperté, pensando que las pesadillas irrumpían el descanso de un cruel guerrero, y mil y una veces me frustré, y lloré, y reí al borde de la locura, hasta que la locura me desbordó, y no queda de mí más que un animal se nada que decir…
Porque perdí la voz, la desgarré en el momento en que mi alma decía adiós, se despedía de su cuerpo mortal, empezaba la putrefacción, más muerto que vivo estaba ya…
Y ahora, en el último suspirar de esa vela maldecida, justo cuando más quería desear el final, me doy cuenta de que no podía escapar, pero eso no era mi mal, mi mal era haber creído en mi libertad…pero ya…ya no queda más…
Se apagó, aguanté la respiración, alargué toda sensación, y al final lo que quedó, fue aquello que siempre me sobró…

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