23 de enero de 2010

Breve ensayo sobre la educación española actual

LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA, CON LA NUEVA REFORMA DE LA LEY DE EDUCACIÓN SERÁ OBLIGATORIA HASTA LOS 18 AÑOS.

Con este titular abría hace un tiempo los artículos de todos los periódicos nacionales. El ministro de educación, José Ángel Gabilondo ha propuesto esta medida como paliativo a la precaria situación de la educación pública española, que vive en una espiral de decadencia desde hace ya demasiados años. Expone el señor ministro que con esta medida se pretende conseguir una mejora en las estadísticas relacionadas con la educación, al mismo tiempo que se espera que el nivel de conocimientos de los alumnos españoles empiece a mejorar, pues por una sencilla regla de tres teórica, a más años de estudio, más conocimientos adquiridos y más oportunidades para todos. Esta maravillosa tesis, la ideal para la sociedad política de este país no tiene ningún “pero” en la teoría, pero ¡ay! Señores, que esto es el mundo real, y más concretamente un mundo real bastante especial, el mundo de la educación en España. Hace ya unos años, la educación era obligatoria hasta los catorce años, hoy día lo es hasta los dieciséis, y la cosa sigue empeorando, entonces ¿cómo es posible que se crea que el remedio a nuestra educación sea alargar aún más la obligatoriedad de la educación?
Puede que los políticos crean esto, y no es reprochable, porque en la teoría, es inmejorable, pero craso error. Cualquier alumno que esté actualmente en Bachillerato o en los inicios de una carrera universitaria podrá rebatir tan excelsa teoría, con dos ideas fundamentales que a continuación quiero expresar, pues yo mismo tengo mi propia opinión.
Los alumnos que una vez que llegan a la E.S.O. (Educación Secundaria Obligatoria) tardan muy poco tiempo en darse cuenta de si realmente quieren pasar los próximos diez años de su vida estudiando, o prefieren tomar otros caminos para ganarse la vida. Y sin embargo, se ven atados al sistema educativo hasta los dieciséis años, ¿con qué beneficios? Ninguno, primero de todo, porque tal vez deberían existir otros caminos como la formación profesional ya desde edades tempranas, para así, conseguir trabajadores tremendamente especializados en diferentes ramas laborales, consiguiendo así un potencial que muy probablemente caiga en saco roto estudiando algo genérico que lo prepara para un objetivo erróneo. En segundo lugar, estos alumnos, simplemente por su falta de interés en las clases, por su malestar ante su situación, provocan un descenso del rendimiento del resto de alumnos que si aspiran a unos estudios superiores, pues, seamos sinceros, los profesores son humanos, y alcanzan su meta (que no es otra que transmitir unos conocimientos) mucho más fácilmente si hay en clase doce alumnos motivados, que 30 alumnos, repartidos entre motivados y no. Tal vez el problema no sea tanto la cantidad de jóvenes que deberían tener conocimientos superiores sino la calidad de los que los tuviesen y la facilidad para encontrar otros caminos de los que no los quisiesen. Con esto quiero decir qué, los alumnos que ya desde edades tempranas (doce o trece años) tal vez deberían poder elegir, sino ellos, sus padres, que quieren hacer de sus vidas, habilitar a estos alumnos la entrada en ciclos de formación profesional, de nuevos estudios similares a los másteres de “Bolonia” pero más específicos y adecuados a su nivel. Así se conseguiría que, el fracaso escolar quedase reducido drásticamente, pues la inmensa mayoría de los fracasos escolares se deben no tanto a la, con perdón, estupidez del alumnado, sino a su propia desmotivación. Una educación más especializada, aunque conllevaría unos gastos mayores, reportaría unos beneficios en un periodo relativamente medio excelentes, pues los alumnos que realmente quisieran llegar a estudiar carreras, se encontrarían con las facilidades que se obtienen en los grupos reducidos y con ambiente adecuado de clase, y el resto de los alumnos no perdería sus oportunidades, todo lo contrario, se podría encuadrar en sectores tecnológicos o de servicios que de forma directa, mejorarían el rendimiento de nuestra economía, que no es precisamente la más sana del planeta.
El objetivo de este nuevo plan sería bien simple, que los universitarios estén aún más preparados para competir en mercados internacionales, pues la globalización imperante los impulsaría hacia trabajos en el exterior que redundarían en nuestra economía interior, así como en nuestra capacidad de innovación y desarrollo de nuevas tecnología, nuevos campos del conocimiento, etc. Y los alumnos condenados en el anterior sistema al fracaso escolar podrían elegir, adecuándose a sus ambiciones y posibilidades una salida productiva para sí mismo y las generaciones futuras, que verían como ascendería el nivel de la enseñanza, y también de los trabajadores, pues todo sería una cadena fácilmente deducible, algo así como:
Especialización desde edad temprana-Nivel de conocimientos fundamental ligado a la base de un conocimiento especializado impartido en nuevos medios escolares-aumento de las oportunidades de personas sin un conocimiento universitario debido a que su productividad y capacidad de innovación se ve exponencialmente aumentada a través de estos medios-mejora de las condiciones laborales provocadas por un aumento de la oferta y la demanda-consecuentemente a lo demás, mejora de la economía española, que se vería favorecida ante la inexistencia de trabajadores no cualificados en todos los ámbitos.
Tras este supuesto, parece pues que la teoría del ministro de alargar la educación obligatoria hasta los dieciocho años no se sostiene, pues veamos, si alguien está descontento en su trabajo, no queda patente que su rendimiento y el de los que hay a su alrededor disminuye notablemente, ¿por qué hacer lo mismo en una educación ya herida? Los problemas actuales no se pueden solucionar ya, pero si podemos tratar de luchar contra su extensión en el tiempo, para ello, mejor no tener alumnos desmotivados lastrando la educación de los demás durante dos años más, mejor realizar una importante inversión en una educación revolucionaria, pero no utópica, pues la lógica humana se impone, si alguien se siente a gusto, responde, si se encuentra incómodo, responde incorrectamente.
Pero qué tontería todo esto dicho anteriormente, ¿no creen? Cientos de personas, tal vez incluso miles puedan llegar a estar de acuerdo conmigo, pero, ¿pueden cambiar algo? Muy poco. Sería una suerte que esta y muchas magníficas ideas para regenerar nuestra educación fuesen a caer en manos de un “mandamás” que incluso las leyese, eso sería una suerte, pero no iría a más, pues, ¿osaría este proponer tal revolución? Nada más lejos de la realidad, probablemente la archivaría como gran idea, y la incluiría como uno de sus ideales en una autobiografía para su gloria póstuma, cayendo todo en el olvido. Y aquí también quiero dar una crítica a la clase política española, que vive desde hace años en un país diferente al que vivimos el resto de españoles, pues si no es difícil comprender como no se dan cuenta de los verdaderos problemas y las verdaderas soluciones que necesita este país. No se requiere un inteligencia prodigiosa (yo mismo soy el ejemplo) para dar una opinión más valida, o al menos, más cercana a la realidad de los males que nos azotan, de modo que me surgen dos dudas ¿son los políticos tan poco inteligentes como parecen aparentar o simplemente no quieren darse cuenta de lo cruel que es la realidad? Y por último, ¿se tomarán la molestia de preguntar a la sociedad sobre el problema de la educación antes de imponer una ley condenada de antemano al fracaso? La duda queda sembrada, opinen lo que crean, porque así seremos democracia.

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