18 de enero de 2013

Media hora escasa

Chillido. Predecible. Agudo. Luego viene el grave. Mirada, una ilusión, un "no se qué no me fío y va a lo que va", mordisco en los labios, nervios. Te los ahorré, me los quedé todos para mi.
Tres minutos de espera que se hicieron eternos, veinte minutos largos que se fueron en un instante. 
¿Alguien preguntaba por qué se dice que el tiempo es relativo? Ya te contestamos nosotros, porque es relativo al interés que pongas en él.
Frío, pero nada de quedarse quieto, tiritando, si acaso movimiento atolondrado, perfecta imperfección.
¿Que ponen etiquetas? Qué más le dará a aquella que de etiqueta viene y con etiquetas va.
No miras alrededor, nada de mirar alrededor, como si le importase a alguien. 
Diez buenos bocadillos, nueve cotilleos conocidos y desconocidos, ocho descerebrados celebrando su ignorancia, siete de la suerte, seis profes que me miran suspicazmente, cinco amigos maquinando, repito, a lo que, viene e irá. Cuatro interrupciones que habría evitado. Tres minutos más de la cuenta. Dos que somos dos. Uno y nada más alrededor. La charla infinitamente vacía, ¿seguro? Pues perfecta así.
Fue la primera vez, fueron siete días después, y a partir de ahora se firma algo, todo lo que sean siete días después será eterno si no nos vemos, lo sé.
Querría ser capaz de encontrar la palabra perfecta, la adecuada sintonía, pero no lo sé.
Eres...
Cuestión de ser.
Movimiento.
A ti, que también miras, es lo que ves, no hay más ni del derecho ni al revés.
Disfruta, casi como un baile, pero sin pisarme los pies.
A la próxima, con dos cañas, y hablamos de como se hacen los bebes que no vamos a hacer.

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