5 de febrero de 2013

Naturalmente rápido

Es cinco de febrero. Y este mes tiene menos días. El tiempo es relativo, pero es que este tiempo está volando, literalmente.
Será por empezar los exámenes, será por alejarse el frío, será por las ganas de Carnaval, de cachondeo, de Camino o de Ferias, y quedan mundos, ya lo sé, pero es que da la sensación de que ya no hay nada lejos, nada que no se pueda hacer.
Es como me hubiese adaptado a correr, a vivir deprisa, a comer de pie, a tener la cabeza en un sitio mucho más lejano que el lugar por el que caminan aún mis pies. No sé si te haces a la idea, pero es como estar en diez sitios a la vez, teniendo muy claro el sitio en que estoy y al que quiero llegar.
Es como vivir la vida propia con la intensidad de vivirla mil veces a la vez.
Es vida en estado puro, es agua en los tobillos, es arena en mis pies, es verano con frío, es que me duelan las costillas de no parar de reir.
Supongo que me he adaptado a la velocidad, y ahora que todo va tan rápido, en lugar de quejarme, de intentar frenar lo que venga o de acelerar desaforadamente, me limito a saborear las vistas de un mundo que no se detiene pero que por fin comparte mi velocidad.

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