12 de diciembre de 2011

Pirámide invertida

Quiero tatuarte a bocados mi nombre en el trocito que va del ombligo al paraiso, queriendo hacerlo a oscura, muy suave, despacito. Quiero que rompas tus labios de sentirte afortunada, quiero que cuando te bese, me beses como si a nuestro alrededor el mundo se acabase. Dime que quieres, chica afortunada.
Que sé que te sobra la ropa, que en invierno te asfixias, que los bikinis te agobian, que tu apellido es atrevida, que me provocas soplándome al oído, que me derrites mirándome un momento, que somos dos tontos muy tontos que no saben que hacer porque empiezan a ser dos viejos aburridos.
Aburridos de probar cada día una nueva manera de darle meneos a la cama, de despertar de madrugada al pobre vecino, aburridos de tener la vida más alucinante que con 20 años se puede tener, dispuestos a llevar a la realidad versos que deberían ser prohibidos, encantados del color verde con que cada noche nos teñimos. 
¿De verdad te has creido que estamos aburridos? Estamos encantados de habernos conocido, de haber pasado de extraños a amigos, de amigos a follamigos, y de eso, a actores de una película llamada destino.

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