8 de octubre de 2011

Fin de Sevilla

Supongo que saltarme el tren, omitir paseos de maleta y gastarme el dinero en ir y venir ayudan a que me quede aquí en Sevilla. La soledad, el sueño de soñar cosas distintas a la hora de actuar, el permitirme el lujo de un par de buenas copas, yo que sé, el no vivir la vida que he vivido tantos años...
Pero señorita, a tí, que lees, de nuevo me refiero a tí, Melania.
Si hay un motivo por el que vuelvo a Palma del Río cada fin de semana, si hay una excusa imperfecta para madrugar los sábados o los domingos, si hay un capricho ajeno que siempre me gustaría satisfacer, es el tuyo.
El verte aunque sólo sean 72 minutos a la semana me da aire para aguantar la respiración cinco días más, porque me importas tanto que me atontas dulcemente. Si por alguien soy dulce, si por alguien intenté cambiar, si por alguna batalla perdida desde el principio luché, fue por tí.
Y me voy a dormir aquí, solo, descansado, de madrugada, ¿y de qué me acuerdo?
De grillos y mosquitos de tamaño inusitado, del monty que trasnocha tanto como yo, de los problemas que tengo con una maldita carrera que no me da más que disgustos, de mis deseos y tonterías...Si, me acuerdo de todo eso, y después, me acuerdo de tí, y digo... Seguro que está durmiendo tiernamente, como me gustaría estar en su cuarto, y simplemente mirarte, tenerte cerca...y se me escapa una sonrisa, la misma que tengo ahora mientras escribo.
Tú sabes el valor de esa sonrisa, aunque tenga que esperar una semana más, los dos intentaremos que no desaparezca nunca jamás.

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