26 de octubre de 2012

La brújula de la felicidad

Conocí un día a un hombre que encontró, cuando todavía era joven, un aparato magnífico, una brújula que no señalaba al norte, ni siquiera tenía puntos cardinales, sencillamente marcaba Si o No, Derecha o Izquierda.
Era una aparato magnífico porque cuando me lo enseñó, resultó que señalaba siempre a la decisión correcta, a la acertada, encontrabas una encrucijada y la brújula te indicaba el camino que tomar. Escuchabas unas palabras, te ponías a pensar, y llegado el momento de decidir, la brújula te decía si lo que hacías era la correcto o no. Resultaba fantástico tener algo que pasara lo que pasase, te guiaría siempre.
El chaval que la encontró estaba maravillado por su fortuna, y la usó deliberadamente, sin cansarse nunca, sabedor de que siempre iba por el buen camino.
Un día, hace no mucho tiempo, lo encontré, diez años después...iba impecablemente vestido, parecía un triunfador, y sin duda lo era, y le pregunté que fue de su brújula, si la seguía usando. Estuvimos hablando,y por último, le pregunté...
-¿Y bueno, por qué camino te ha llevado esa brújula?
-Pues tengo todo lo que podría querer, sin duda, y he resultado ser el más completo infeliz que tiene la mala fortuna de pisar la tierra.
-¿Y cómo puede ser eso?
-Porque descubrí demasiado tarde que el camino correcto, el evitar los errores, no te hace feliz, simplemente te hace correcto. Y vivir de forma correcta no está mal...pero es terriblemente aburrido.

24 de octubre de 2012

La lista de la compra

Porque me queda aún tanto por hacer, tanto por vivir, tanto por comprar, tanto por sentir...
Porque no me gustaría dejar de andar sin surfear primero.
Porque tengo la necesidad imperiosa de conocer la tierra de  Pedro el Grande y Zhukov.
Porque aspiro a aguantar sin respiración dos minutos mientras visito una playa que de verdad sea cristalina, en España o en la cochinchina.
Porque nadie debe marcharse de esta tierra sin visitar dos veces París, y a mi me queda una penúltima visita.
Porque quiero arriesgar mi vida cuando la haya vivido con un salto en paracaídas.
Porque nadie evitará que algún día pierda la conciencia de tanto catar cervezas de colores.
Porque quiero montar en triciclo.
Porque morir sin conocer a Jordan sería una tragedia nacional.
Porque no quiero elegir el nombre de un chiquillo, pero quiero un chiquillo cuyo nombre pude haber elegido.
Porque un riff del amigo Knopfler debe ser vivido en primera persona antes de vestirme de madera.
Porque tendría que visitar el lugar en que dijese, aquí descansaré cuando se acabe el trayecto en tren.
Porque vivir un par de semanas en un lugar tan inapropiado como extravagante, en que no pueda pronunciar ni una palabra comprensible debe ser una experiencia tan necesaria como irrepetible.
Porque tener la sensación de que te han dado un puñetazo en la boca del estómago y te has quedado sin respiración, y ha sido porque lo has merecido, debe ser digno de disfrute.
Porque a cada palabra que pudiese añadir a las palabras anteriores que un día me puse a escribir, le diese forma y acabasen publicándose sería algo así como el cielo en la tierra.
Porque quiero que tú, que lees, y tú, que no te pases, llegues a plantearte un par de cosas que te faltan por hacer, y las añadas, y yo las quiero también, estoy seguro.
Porque la avaricia rompe el saco, pero si de algo hay que morir, que sea de ser un tipo con sacos rotos.