1 de enero de 2013

La ecuación del columpio

No te puedo ver demasiado bien, de hecho, no veo apenas nada. Mezclas el movimiento del columpio con el horizonte que se pone a tus espaldas y cualquiera intuye de ti algo más que tu pelo, pero es una figura tan...deliciosa podría ser la palabra.
Hablas, supongo, de aquello y de esto, de todo lo que puede pasar o no pasará este año que ya se nos echa encima. Y yo tendré que decir que sí, es lo más sencillo de responder con la boca abierta. Parecemos niños chicos, de inocencia perdida, pero pequeñajos al fin y al cabo.
No te detienes, te pido que dejes de moverte adelante y atrás, pero tú, ni p*** caso. 
-¡Idiota, de verdad! Te odio tan profundamente como tú odias las puestas de Sol...
-¡Pero si me encantan las puestas de Sol -replicas.
Pues imagina lo que te odio yo para seguir aguantándote, pienso para mí.
Me acerco, no sin temor. Me vas a dar una patada en mal sitio y verás tú la risa...
Poquito a poco, tú adelante y atrás, apenas si te veo los ojos, como para ver nada más. Peligro tienes, niña de pura maldad.
Pero llega la X, la duda de la ecuación, coincidirá el instante preciso en que yo de él último paso con el momento en que más alto subas, más sonrías, más te animes y más cerca se acerquen tus labios a los míos.
¿Se dará el caso del primer beso de los niños de papá y mamá? Bueno, vete acercando, que el primer paso yo lo pienso dar...

18 de diciembre de 2012

Me halaga Málaga

Debo decir que fui en busca de Corea con muchas ganas de cambiar el chip, de no sé, me diese el aire. Setecientos cincuenta kilómetros después, día y medio y cuatro semanas o un mes más tarde, realmente parece que ha funcionado.
Es una cuestión de querer cambiar un poquito el camino, la ruta, pese a que no sea la preferida, a destinarse a entrar en un salón de amigas de amiga, en lugar de una habitación de amiga del alma. No estoy seguro de que comprenda mis decisiones, pero empiezo a entender las consecuencias de las mismas. Y esto tengo claro.
Voy a volver a Málaga, me gustaría que una camisa se hubiese quedado allí no unos días, sino el tiempo suficiente para que mi madre me pagase el billete para ir para allá. Se comenta que es un buen sitio para salir, un buen lugar para veranear, y no lo dudo, y pienso comprobarlo,¡claro que sí!
Y lo digo porque si algo me impulsa a ir a Málaga es saber que me puedo sentar en un sofá, escuchar como me pinchan, como me miran regulín, como se me juzga y como me ponen una ensalada para almorzar sin tener en ningún momento la duda de que estoy disfrutando como un enano tragándose piezas de un Lego.
En serio, gracias por la Navidad que se avecina, por que hay que apostar porque sales, y espero que salga, sino, vaya fracaso, ¿no? No salir en Málaga ni en Nochevieja, sería como para empezar a odiarte, cuando más cariño te estoy cogiendo.
Pues eso, pues nada, que gracias por la velada, que ha pasado un mes, pero que ya lo he dicho, a Málaga, volveré.