2 de junio de 2012

Un par de perlitas


Venga, soltar a las tres de la mañana un par de perlitas tontorronas, de esas que te amodorran, que las lees meses después y te avergüenzan, de aquellas tan necesarias cuando ves que o las sueltas o revientas.
Cómo romper a llorar, supongamos que rompemos a escribir, que lo que ahora lees realmente no tiene importancia si tú no se la das, que lo que ahora lees a partir de ahora puede cambiarse palabra por palabra a lo que tú quieres escuchar. Eres tú quién lee, ¿qué mínimo que decidir lo que piensas creer, escuchar, llama X a aquello que al final es interpretar?
Supongo que habrá maestros, que habrá gente que le pone afán, que la virtud de lo escrito está en decir algo sin pretender decir mucho más, en que se note sencillo, sea sencillo y grite a voces algo que es tremendamente difícil de explicar, ¡ay quién tuviera tal virtud! Mi envidia malsana provoca, la verdad.
Pero como no era eso a por lo que vine a hablar, ni por lo que llegaste a leer, soltar el par de perlitas, las dos tonterías que nunca están de más:
No te canses nunca de reir, porque de llorar sí que te vas a cansar.
No pienses que algo se acaba, piensa que algo empieza, porque realmente sólo hay un final, el resto, es una carrera, un…”no parar”.

No es una prueba más


Quiero pensar que esto tiene un valor por lo que sucede, no por lo que vale para un futuro, quiero eliminar la palabra prueba de la ecuación, hacer sencillo lo difícil, asumir que despedirse, como nacer, es tan sencillo que uno lo hace por naturaleza…
Una de las pocas cosas que hacemos por naturaleza, además; cómo ese llorar de pequeños, y luego más tarde, de adultos, para reflejar lo que pasa por nuestra cabeza, por nuestro corazón, por…bueno, depende de en qué quieras dividirte, ¿no?
Y buscar la vida fuera, en la absurdez del sueño que aparece mirando al cielo, y no descubrir el poder que tiene la levadura, o la asombrosa explicación de la espuma de una buena cerveza. Pequeñas cosas, grandes explicaciones, la sencillez nunca será lo suficientemente valorada, por eso mismo es sencilla, supongo.
El feliz, el insensato, la ingrata, el desdichado, la virtuosa, la tolerante, el indiferente, el atrevido, cualquiera de aquellos que dijeron trazar su senda, acabaron desembocando en la misma posada, ¿realmente importa lo que caminas?
Deberíamos creer que sí, porque si no, todo vale, y al fin y al cabo, esto no es una prueba, pero tiene sus reglas, aunque… ¿te apetece romperlas?
Sé sincero contigo mismo, como a todos, las reglas, dices, están para romperlas…