Las niñas que a mí me gustan usan tanto colorete como para que yo tenga que acercarme a pocos centímetros para notarlo.
Las chicas que a mí me vuelven loco no dejan un instante quieto a su loco pelo, son así, desmedidamente divertidas.
Esas pequeñas tienen los ojos bonitos independientemente de su color o tamaño, independientemente de que tengan o no gafas, a mí de sus ojos lo que me gusta es verme reflejado en ellos día si y día también.
Me gustan las niñas que no quieren ser abrazadas porque así el abrazo es más sentido, me gustan también las que tienen miedo a que las cojan de la mano, porque así nunca nos soltaremos cuando echemos a volar.
Las princesas que a mí me gustan han salido de cuentos de hadas, y han tropezado en la vida real, y si algo me han enseñado es a no rendirme nunca, a que si lo intentamos, la vida puede ser como las películas esas de bonito final, una historia para recordar.
No quiero otra cosa de ellas que no sean mordiscos, pellizcos y pisotones, todos inocentes, todos divertidos, todos excusas tontas para verlas reir, porque si de una chica no te enamora su sonrisa, es que no estás enamorado de ella.
Por favor, sonríeme, hazte la loca, porque este loco no entiende su vida sin esa loca.